Es el Sero Electric, desarrollado por completo en el país y ya autorizado para transitar por calles y avenidas. Es un citycar de 5,6 caballos de potencia y una velocidad máxima estimada en los 45 kilómetros por hora.

“Llevamos kilómetros y kilómetros empujando una rueda cuadrada, porque el país no ayuda para nada. Pero aquí estamos, cansados pero satisfechos porque aquello que se presentó como una posibilidad muy lejana está al alcance de la mano, después de haber superado un camino lleno de pozos, complicadísimo”. Quien habla es Pablo Naya y su permanente referencia casi metafórica relacionada con la movilidad no es casual, ya que es un empresario vinculado hace más de tres décadas con la industria. Y desde ese lugar decidió emprender el proyecto del Sero Electric, pese a que su familia le decía que estaba “loco”.
Por el momento, y dada la distancia de desarrollo existente entre el primer mundo de la industria con lo que se puede realizar en la Argentina, el Sero Electric se sitúa dentro de lo posible: dentro del segmento A, o citycar, que fue homologado recién el año pasado en la categoría L6, para “Vehículos con Circulación Restringida”, ya que sólo podrá hacerlo en calles y avenidas pero no en rutas y autopistas. Así lo marcará la patente impresa en color verde, que se diferencia de las letras y números azules de las convencionales.
Nace en tres carrocerías, sedán, camioneta alta y camioneta baja, con capacidad para transportar sólo dos pasajeros, y en todos los casos portará el mismo motor de 5,6 caballos de potencia y una velocidad máxima estimada en los 45 kilómetros por hora.
La batería, el diferencial para el mercado

Más allá de la dolarización de los precios, en Sero se encargan de destacar que estos vehículos “tienen un 80 por ciento de componentes de fabricación nacional”, entre las autopartes que se desarrollan dentro de la misma planta como las que son compradas a proveedores externos. Es por ello que se ufanan de marcar la tendencia en Sudamérica, pese a que no llegaron a ser los primeros en presentar sus modelos, sino los segundos. El bautismo se dio pocos días atrás, en Bolivia, donde ya fue exhibido el Quantum, que a diferencia del Sero tiene un 60 por ciento de sus partes importadas.
La estructura del Sero está compuesta “por aleaciones de aluminio de alta resistencia”, mientras que los puentes de suspensión trasero y delantero “están conformados en acero tubular para resistir impactos diversos”. Su dirección es mecánica, a la vieja usanza, y como elementos de seguridad exigidos por norma tienen luces, apoyacabezas en los asientos, espejos retrovisores y sólo cinturones de tres puntos. Es por ello también que su circulación está muy restringida.
Mide tan sólo 2,35 metros de largo, 1,32 de ancho y 1,56 de alto. El peso, con las baterías incorporadas (son cuatro y se sitúan detrás de los asientos) llega a 450 kilos, y sus llantas son de aluminio y pequeñas, del rodado 145-70-13.

“Sero Electric es un producto que no compite con ninguna automotriz, la llamamos movilidad eléctrica low cost, ya que es un vehículo ideal para el transporte en distancias cortas o medias. Vemos un citycar aplicable para el trabajo, traslados dentro de empresas, municipios, correo, delivery, agentes de tránsito, policía… Entendemos que en esos parámetros se presenta como una gran solución de movilidad”, explica Naya.
De hecho, antes de su lanzamiento comercial ya se lo vio en las calles de Morón, el primer lugar donde fue habilitada su circulación y algunas unidades fueron incorporadas para el patrullaje de los agentes municipales de tránsito, como también en Mendoza fue sumado como vehículo liviano de traslado para efectivos policiales.
Además, ya tiene cuatro representantes de ventas en el país: en Bella Vista, Mar del Plata y Costa del Este, los tres en la provincia de Buenos Aires, y el restante en la localidad misionera de Puerto Rico. Y ya se exportaron algunas unidades a Brasil y Chile. “El objetivo futuro es desarrollar una red de distribución en los puntos más importantes del país con soporte técnico para la atención del cliente”, aseguran en la firma.
Presentación en sociedad

Pero la producción comenzó en junio del año pasado, tras haber completado la etapa de desarrollo, que demandó una inversión inicial cercana a los ocho millones de dólares. “Para entender la distancia que nos separa del primer mundo, en Europa esta clase de vehículos ya lleva muchos años en las calles. La industria local de los países más fuertes destina inversiones de alrededor de 150 millones de euros para el desarrollo de un auto. Acá todavía no estamos en condiciones de realizar semejante erogación porque el mercado aún no está consolidado”, analiza Naya.
La idea de este vehículo y su posterior evolución tuvo detrás al ya mencionado Pablo Naya, a su hijo Iván, y a Sebastián Da Dalt, otro apellido vinculado con la movilidad, ya que integra la familia que da nombre a una marca de motos. De hecho, el Sero Electric compartió al principio la planta con Da Dalt, en Villa Luzuriaga (La Matanza) aunque la necesidad de contar con más espacio los llevó a mudarse al Parque Industrial Pitam, de Castelar, partido de Morón.
En ese espacio, de unos dos mil metros cuadrados, se está trabajando por el momento en un solo turno y con 15 empleados, aunque la expectativa, con el lanzamiento formal, es aumentar el nivel de producción e incorporar más personal. Pero por el momento todos se involucran en el armado de los vehículos.
“Lo mío es estar con las manos sucias. Yo aprendí, en 30 años de trabajar con Peugeot y Citroën, que hay que estar en todos lados, en el mensaje que lleva el cadete hasta en los números que cierra el contador. Acá tenemos ingenieros y asesores contables, pero estamos en la línea, todos los días”, concluyó Naya. A pulmón, a lo argentino.
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