miércoles, 2 de septiembre de 2020

El final de Pippo: cerró el clásico restaurante de la gastronomía porteña tras 83 años de historia

Fundado en 1937, entró en quiebra hace cinco años. Fue lugar de encuentro de personalidades de la cultura, la música y el espectáculo.


Ya no habrá más súper vermicellis al tuco y pesto: Pippo, el clásico restaurante del microcentro porteño, cerró sus puertas. 

A pesar de ofrecer delivery y comida para llevar durante la cuarentena, el local gastronómico no logró subsistir y despidió a sus 25 trabajadores, quienes están juntando firmas para que siga funcionando.

Pippo fue inaugurado en 1937, un año después de la construcción del Obelisco, sobre la calle Sarmiento, entre Montevideo y Rodríguez Peña. Recién en 1941 se mudaron al local de Montevideo 341. Fue famoso por sus pastas, las mesas cubiertas por manteles de papel, el vino en pingüino y ser cita obligada de artistas y quienes paseaban por el centro de la ciudad.

Entre los célebres comensales que tuvo Pippo se encuentran: Luis Sandrini, Oscar "Ringo" Bonavena, José María "El Mono" Gatica, Tato Bores, Alberto Olmedo y Jorge Porcel.

Incluso el presidente Alberto Fernández contó en una entrevista del día que fue a Pippo con su padre y se encontró a Pappo y Luis Alberto Spinetta. "Me levanté a saludarlos, porque yo los conocía de los recitales. Pappo me dijo ‘qué hacés, Alberto’ y volví a la mesa", contó el mandatario.

La situación económica de Pippo ya era complicada antes de la cuarentena. En 2015, sus dueños pidieron la quiebra, pero lograron sobrevivir cinco años más y prometieron abrir franquicias.

Con el inicio de la pandemia, Pippo cerró hasta que el 1º de junio empezó a vender pastas frescas. Sin embargo, no alcanzó: los empleados sólo recibieron el ATP del Gobierno y les deben los aguinaldos del año pasado y de junio. 

El último día de agosto, Daniel Montero, responsable del restaurante, comunicó a los trabajadores la decisión de cerrar el local y les aseguró que los iba a llamar uno por uno para acordar la indemnización y si no, podían ir a juicio.

Los empleados, algunos de ellos con más de 30 años de antigüedad, juntan firmas para detener el cierre del local gastronómico que el 2 de junio cumplió 83 años de vida en la gastronomía porteña.

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