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jueves, 8 de marzo de 2018

Murió Reynaldo Bignone, el último dictador

El genocida y último presidente de facto de la Argentina murió a los 90 años en el Hospital Militar. Antes de verse obligado a convocar a elecciones en 1983 y entregar el poder, dictó una ley de autoamnistía con la que intentó lograr la impunidad por las desapariciones, asesinatos y secuestros. Estaba en prisión, condenado por delitos de lesa humanidad.


A los 90 años murió en el Hospital Militar Reynaldo Benito Bignone, el genocida y último militar que estuvo al frente del último gobierno de facto de la Argentina. Fue el presidente que en 1983 hizo el inevitable llamado a elecciones democráticas, ante una dictadura jaqueda tras la derrota de Malvinas, la debacle económica y la resistencia popular. Con el advenimiento de la democracia fue juzgado y condenado a prisión perpetua por allanamientos ilegales, secuestros, torturas y homicidios, todos delitos de lesa humanidad a los que le sumó el saqueo de las pertenencias de sus víctimas.

Bignone fue el cuarto y último en la zaga siniestra de presidentes dictadores iniciada por Jorge Rafael Videla en 1976. El 10 de julio de 1982, días después del fin de la guerra de Atlántico Sur, suscedió en el poder de facto al autor de esa aventura, Leopoldo Fortunato Galtieri, quien antes de abandonar la Casa Rosada luego de la masiva movilización popular tras la rendición ante Gran Bretaña en junio de 1982 había dicho que las urnas estaban bien guardadas.

Al último dictador se lo recuerda por su imagen en el traspaso de los atributos presidenciales a Raúl Alfonsín, el 10 de diciembre de 1983, pero antes de ello intentó lograr impunidad para él y sus secuaces cuando dictó los decretos que ordenaron la supuesta destrucción de los archivos de la represión de Estado y el otro de "amnistía" y "pacificación nacional".

Nunca se arrepintió de los crímenes que mandó a ejecutar ni de los que fue cómplice. Por el contrario, se defendió de todas las acusaciones en su contra y justificó las matanzas en cuanta oportunidad tuvo. "La lucha contra el terrorismo en los sesenta y en los setenta se trató de una guerra contra integrantes de grupos subversivos que no eran ni demasiado jóvenes ni idealistas", sino que tenían el objetivo de "la toma del poder por la fuerza subversiva", dijo.

Entre tantas otras frases siniestras se lo recuerda por haber sostenido en una entrevista televisiva que los desaparecidos fueron “sólo fueron ocho mil”. También dijo que en el país se había librado una guerra que “fue iniciada por las organizaciones terroristas”.

Además, arengó a quienes reivindican la dictadura. En 2006 se conoció una carta que le envió a una agrupación llamada Argentinos por la Memoria Completa, destinada a reivindicar el terrorismo de Estado. A sus integrantes los llamó “modernos Quijotes”, los convocó a “arremeter” contra aquellos que “cargados de odio, deformaron la moderna historia argentina” y les dejó un encargo macabro: “terminen lo que nosotros no pudimos terminar”.

Bignone fue jefe del Estado Mayor y más tarde comandante de Institutos Militares, el organismo encargado de formación de oficiales. Recibió conscriptos, varios de ellos desaparecidos bajo bandera, y condujo Campo de Mayo -lugar que el régimen fascista de Mugrizio Macri Blanco Villegas pretende convertir en un Parque Nacional-, donde funcionó en la dictadura uno de los tres grandes campos de concentración junto con La Perla, en Córdoba, y la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

En los juicios por los crímenes cometidos en Campo de Mayo se lo halló responsable de los asesinatos y desapariciones de “colimbas” que realizaban el servicio militar. También fue condenado por detenciones ilegales en el Hospital Posadas, de Morón, cuando se desempeñó como responsable de ese centro sanitario en su rol de delegado de la Junta Militar en el área de Bienestar Social.

Quedaron comprobadas también sus responsabilidades en el Plan Cóndor, con el que las dictaduras del Conosur persiguieron, detuvieron ilegalmente y mataron a militantes identificados como tales en sus países de origen.

Juró proteger a sus camaradas criminales hasta la muerte. Ante el tribunal que lo juzgó por los delitos en Campo de Mayo dijo que “para el momento supremo de dejar este mundo, resulta preferible el juzgamiento que el repudio unánime de mis superiores, camaradas y subalternos”.

Las condenas del genocida que soñó con la impunidad

Antes de dejar el poder, Reynaldo Bignone intentó sellar la impunidad para los crímenes de la dictadura a través de una ley de autoamnistía, que finalmente fue derogada en democracia. Tras la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, el último dictador recibió 10 condenas por delitos de lesa humanidad, tres de ellas a prisión perpetua.


Reynaldo Bignone falleció ayer a los 90 años con tres condenas a prisión perpetua por violaciones de los derechos humanos y otras siete que superan los 15 años de reclusión. Algunos de los casos de lesa humanidad de los que fue encontrado culpable incluyen secuestros y asesinatos en el centro clandestino de detención Campo de Mayo, en el Hospital Posadas y en el Colegio Militar. También se probó su participación en la apropiación sistemática de bebés y en el Plan Cóndor.

A pesar de haber presidido la última junta militar, el dictador Bignone escuchó su primera sentencia por crímenes de lesa humanidad recién en 2010 en la causa Campo de Mayo II y no en el Juicio de las Juntas, a veintisiete años de colocarle la banda presidencial a Raúl Alfonsín. La ley 25779, que anuló las leyes de Punto Final y Obediencia Debida fue la que posibilitó su juzgamiento porque la última junta militar del proceso había sido excluida del juicio, dejando impune a Bignone, Augusto Hughes y Rubén Franco. 

Las condenas

► En 2010, a 25 años de prisión: El 20 de abril de 2010 Bignone fue encontrado culpable por el Tribunal Oral Federal 1 por crímenes cometidos en el centro clandestino de detención y tortura que funcionó en la guarnición militar de Campo de Mayo. El último presidente de facto de la dictadura fue condenado a 25 años de prisión, al igual que el ex jefe del Departamento de Inteligencia de Campo de Mayo, Exequiel Verplaetsen, y el ex jefe del Comando de Institutos Militares de esa guarnición militar, Santiago Omar Riveros. "Que fue una guerra nadie puede ponerlo en duda", dijo Bignone en su alegato para justificar su accionar. 

► En 2011, a perpetua: En el marco de la causa Campo de Mayo III, fue condenado a prisión perpetua por los secuestros, aplicación de tormentos y asesinatos de Gastón Gonçalves y Diego Muniz Barreto; el secuestro, aplicación de tormentos y tentativa de homicidio de Juan Fernández, las desapariciones de Carlos Souto y Luis y Guillermo D’Amico y la detención ilegal de Osvaldo Arriosti.

► En 2011, a 15 años de prisión: En este caso, fue encontrado culpable de la privación ilegal de la libertad de quince trabajadores del Hospital Posadas, donde funcionó el centro clandestino conocido como El Chalet. En esa causa también fueron condenados Luis Abelardo Patti y otros tres represores. 

► En 2012, a 15 años de prisión: En el marco de la causa por el plan sistemático de apropiación de menores, por el que fue condenado por 35 sustracciones y robos de identidad de niños nacidos en cautiverio, los cuales fueron apropiados o dados en adopción luego de ser secuestrados con sus padres. De los 35 niños, 26 recuperaron la identidad. De ellos, 20 declararon durante el juicio. La denuncia había sido presentada por Abuelas de Plaza de Mayo dieciséis años atrás. Por este histórico juicio también fueron imputados Jorge Rafael Videla como Comandante del Ejército hasta el 31 de julio de 1978; Santiago Omar Riveros como Comandante de Institutos Militares, con intervención sobre de Campo de Mayo; Antonio Vañek y Jorge Eduardo Acosta por los nacimientos ocurridos en la ESMA y Rubén Oscar Franco. 

► En 2013, a perpetua: Junto con el ex comandante de Institutos Militares Santiago Omar Riveros y otros nueve represores, Bignone fue condenado a prisión perpetua por los crímenes de lesa humanidad cometidos contra 23 víctimas, entre ellas siete mujeres embarazadas que dieron a luz en maternidades clandestinas. Recibió perpetuas por allanamiento ilegal, robo agravado, privación ilegal de la libertad, tormentos y por los homicidios de Kitty Villagra y Domingo García, el esposo de Beatriz Recchia. 

► En 2013, a 23 años de prisión: De nuevo con Riveros, fue condenado por el secuestro y la desaparición del militante montonero Roberto Quieto, además de las apropiaciones ilegales de Martín Amarilla Molfino y Gabriel Matías Cevasco, nietos recuperados por Abuelas de Plaza de Mayo. Quieto fue secuestrado por una patota militar en la tarde del 28 de diciembre de 1975 en una playa de Martínez, norte del Gran Buenos Aires. Fue visto en el centro clandestino El Campito, en Campo de Mayo, la mayor guarnición militar del país. 

► En 2014, a 23 años de prisión: El Tribunal Oral Federal 1 de San Martín impuso penas de 23 años de cárcel para Reynaldo Bignone por los delitos de lesa humanidad cometidos contra 33 trabajadores de la Zona Norte del Gran Buenos Aires durante la última dictadura. La sentencia tomó en cuenta los delitos de privación ilegal de libertad, homicidio, tormentos, allanamiento ilegal y robo, en todos los casos agravados, de lesa humanidad y por tanto imprescriptibles contra las 33 víctimas, en su gran mayoría trabajadores navales y ceramistas, que actuaban como delegados de base o activistas sindicales.

► En 2014, a 16 años de prisión: El Tribunal Oral Federal Nº 6 condenó a Bignone, junto con Riveros, el médico Norberto Bianco y la obstetra Luisa Arroche por el robo de bebés nacidos en el Hospital Militar de esa guarnición del Ejército y el secuestro y las torturas de sus madres durante la última dictadura. A Bignone lo hallaron coautor de la sustracción, retención y ocultamiento de los hijos de Susana Stritzler y Valeria Beláustegui Herrera. También por su aporte a mantener incierto el estado civil de los niños. 

► En 2016, a 20 años de prisión: En el marco del Plan Cóndor, se probó su participación en la coordinación con las cúpulas militares de las dictaduras del Cono Sur. El último presidente de facto del país fue condenado a 20 años como autor "penalmente responsable de integrar una asociación ilícita en el marco del denominado Plan Cóndor" por el Tribunal Oral Federal 1. 

► En 2017, a perpetua: El 15 de marzo de 2017 fue condenado en el marco del juicio al Colegio Militar, por seis colimbas secuestrados en ese lugar, tres de ellos desaparecidos, cuyos crímenes se produjeron bajo la dirección de Reynaldo Benito Bignone, en agosto de 1976 y uno en febrero de 1977.

El día que Bignone recibió a Estela de Carlotto: "Deme más datos, cómo le decían, qué apodo de guerra tenía”

Tras la muerte del último presidente de la dictadura cívico militar, Reynaldo Bignone, quien antes de entregarle el Gobierno a Raúl Alfonsín firmó un autoindulto que pretendía exculpar a todos sus camaradas por los crímenes cometidos entre 1976 y 1983, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo recordó la entrevista que mantuvo con el genocida en diciembre de 1977 mientras buscaba a su hija Laura, secuestrada un mes antes.


En diciembre de 1977, la titular de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, quien buscaba a su hija Laura, secuestrada un mes antes, embarazada de tres meses, fue recibida por el entonces secretario de la Junta Militar, Reynaldo Bignone, a quien le pidió que no matara a su hija, estudiante de historia y militante de la Juventud Peronista. El genocida no solo dio por sentado que las Fuerzas Armadas mantenían secuestrada a su hija sino que respondió que “hay que hacerlo”. Durante el encuentro, el militar mantuvo sobre su escritorio un revólver con la culata de madera muy lustrada.

Cinco meses después, el 25 de mayo de 1978, Bignone le entregó a la familia el cuerpo de Laura “para mostrar eso del ‘honor’ de un asesino”, según relató Carlotto en una entrevista que brindó al pasquín ultraconservador La Nazión, en 2006.

En 2014, dos meses antes de encontrar a su nieto Guido, durante una de las audiencias del juicio por los crímenes cometidos en el centro clandestino de detención conocido como La Cacha, Estela recordó sus impresiones de aquel encuentro con Bignone de 1977. 

“Él ya era secretario de la Junta Militar. Antes de verlo, me sometieron a terribles controles de seguridad. Me recibió en su despacho, a solas, con un arma sobre el escritorio, como ridícula ostentación de fuerza”, comenzó su relato la titular de Abuelas el 4 de junio de 2014 ante el Tribunal Oral en lo Criminal Federal número 1 de La Plata. Carlotto, quien conocía a Bignone, aseguró en el juicio de La Cacha que el día en que la recibió "enseguida noté que ese hombre era otra persona, muy distinta a la que había conocido en Castelar. Era algo así como un loco suelto”.

“Le conté mi drama. Reaccionó descontroladamente”, prosiguió Estela y luego, contó que Bignone le preguntó "señora, ¿en qué andaba su hija?”. Después pronunció una serie de frases sin sentido, que pretendían responsabilizar a Laura. “Fíjese, les hemos dicho que se entreguen voluntariamente y que les reducimos la pena y los ponemos, en esos casos, en cárceles especiales, que existen realmente. Yo le doy fe que existen… Pero no, no hay caso… Siguen y siguen”, le advirtió el ahora fallecido último dictador de la era militar.

Estela salió de aquella reunión del 77 “derrotada”. “Yo le planteé que sólo le pedía que no me la mataran, que la pasaran a disposición del Poder Ejecutivo, que si había hecho algo… yo la iba a esperar, pero no me dio muchas esperanzas”, contó. La “historia oficial” sostenía que Laura nunca había estado ni detenida ni embarazada, y que había sido abatida mientras circulaba en un coche, armada, y que había querido eludir un control policial.

Años después, Carlotto pudo confirmar que fue asesinada de espaldas y a 30 centímetros de distancia. Las marcas en los huesos de la cadera confirmaron también que había tenido un niño a término. 

En aquel encuentro de fines de 1977 con Carlotto, Bignone aludió a las diferencias entre las Fuerza Armadas argentinas y la persecución a los tupamaros uruguayos: “Nosotros no queremos que pase eso. Y entonces, ‘hay que hacerlo’”. Allí Estela tomó conciencia de que no volvería a ver a Laura. “Al decir ‘hay que hacerlo’ estaba diciendo una sola cosa: matarlos. Bueno, ahí me agarró la desesperación, cuando caí en la cuenta de las perspectivas reales que tenía Laurita por delante”, recordó la abuela de Ignacio Guido Montoya Carlotto.

"Esa conversación, más la experiencia vivida por mi marido -que veía cómo los mataban prácticamente al día siguiente del secuestro- me convencieron de que mi hija ya estaba muerta. Entonces le dije… 'Si ya la mataron, lo que quiero es que me devuelvan el cuerpo, porque quiero enterrarla cristianamente, para no volverme loca buscando en las tumbas NN”, relató Carlotto en el juicio de la Cacha. La respuesta de Bignone fue "deme más datos, cómo le decían, qué apodo de guerra tenía”.

“Esa es la prueba evidente de que los mandos tenían toda la represión bajo su control… Salí de esa entrevista derrotada. Pero no lloré delante de Bignone, para nada. Ni le rogué, tampoco. Simplemente fui a pedir, con toda dignidad, por la vida de mi hija”, concluyó la titular de Abuelas.