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viernes, 12 de julio de 2019

Estudiar con hambre: alumnos de un bachillerato de adultos de la villa 21/24 dijeron que hay días que en sus casas no tienen qué comer

Docentes de la EEM Nº6 realizaron una encuesta sobre la alimentación de los alumnos. Más de la mitad respondió que alguna vez pasaron el día entero sin ingerir ningún alimento.


El hambre se siente cada vez con más fuerzas en las escuelas de los barrios más postergados. 

Esto notaron los docentes de un bachillerato para adultos que funciona en la villa 21/24, quienes preocupados por la cantidad de alumnos con bajo peso o que preguntan sólo por la comida decidieron hacer una encuesta para conocer la realidad alimentaria de las familias. 

Los resultados fueron alarmantes: uno de cada tres estudiantes respondió que hay días que no hay nada para comer en sus casas y más de la mitad reconoció que alguna vez pasó todo un día sin ingerir ningún tipo de alimentos.

La encuesta se realizó en la sede del plan Fines, que funciona en el EEM Nº6, del distrito escolar 5. Allí cursan sus estudios 256 estudiantes, todos mayores de 18 años que recurren a la modalidad de adultos para poder terminar el secundario. La cursada no incluye ninguna instancia de alimentación pero como los docentes saben que trabajan con una población vulnerable –muchos llegan al Fines porque es un requisito para acceder a un beneficio social- reparten una merienda solidaria muy sencilla hecha por los mismos maestros.

“Notamos que empezó a crecer la preocupación en torno a la merienda, nuestro ‘kiosquito’, como le llamamos al pequeño stock de productos que llevamos los maestros para que todos los días haya algo para acompañar el mate o el café”, contó Leonor Gallardo referente pedagógica de la escuela.

Lo mismo empezó a ocurrir con las viandas que sobraban del secundario que funciona en el mismo edificio y que eran guardadas para repartir entre los estudiantes con mayores necesidades. “Las viandas pasaron de ser un refuerzo a una necesidad porque muchos venían sin comer. Tuvimos que hacer un recorrido por los comedores comunitarios de la zona para averiguar si había vacantes”, agregó la profesora.

La preocupación por la comida que al principio fueron notando los docentes se materializó también en las entrevistas de admisión de la escuela. Al momento de inscribirse muchos estudiantes preguntaban si la cursada incluía servicio de alimentación o si tenía convenio con algún comedor.

Los resultados de la encuesta

Casi el 30 por ciento de los encuestados respondió afirmativamente a la pregunta “¿hubo algún momento en que no había nada de comida en su casa debido a falta de recursos para comprarla?”. A la pregunta sobre cuántas veces ocurrió en las últimas cuatro semanas más de la mitad respondió que faltó comida “muchas veces”, entendida esta respuesta como más de diez veces en el último mes.

El 52 por ciento de los estudiantes respondió también que alguna vez pasaron “todo un día o toda una noche” sin comer porque no había suficiente comida para todo el grupo familiar. En otras palabras, que cedieron su ración para que otro integrante del hogar pueda alimentarse. El dato que llamó la atención a los docentes fue que el 89 por ciento de los estudiantes que contestaron haber cedido su comida a otro integrante de su familia fueron mujeres. “Las madres no cenan para que coman sus hijos”, fue una de las interpretaciones.

La encuesta indagó también sobre la calidad de los alimentos que consumen sus estudiantes y las familias. “Una de las cosas que se vemos y escuchamos es que en las casas comen mucho chizito con mate para llenarse. Incluso a la hora de la cena”, contó la docente.

Gran parte de los encuestados respondió que desayuna y merienda “mate” o “mate con algo”, aunque muy pocos pudieron precisar qué era ese algo. Y que la comida fuerte la hacían en la escuela o en algún comedor.

La escuela en tiempos de crisis

“La escuela está volviendo a cumplir un rol de alimentación que hacía mucho que no veíamos. Muchos de nuestros estudiantes, que son jefes de familia, se quedaron sin trabajo en el último tiempo y están atravesando la experiencia de acceder por primera vez a la ayuda social y comunitaria que sostienen los mismos vecinos, que no es lo mismo que la institucional que brinda el Estado”, aclaró Gallardo.

“Con hambre no se puede estudiar”, remarcó la referente pedagógica de la escuela y la frase que parece trillada queda corta. “Cómo le puedo pedir que entiendan física si no comieron nada en todo el día. Por supuesto que no aflojamos nuestras tareas educativas pero nuestro rol se diversifica como cada vez que hubo crisis en nuestro país”, finalizó la docente.

“Tenemos muy claro que hay hambre y que existe una profunda inequidad en la forma en que se están alimentando nuestros niños y adolescentes. Lo peor es que no contamos con información precisa para saber cuáles son las problemáticas más urgentes”, remarcó Gabriela Bauer, pediatra del Hospital Garrahan y coordinadora del Frente.

La encuesta se realizó en el marco del Frente por la Niñez Protegida, un espacio en el confluyen organizaciones sociales, sindicales y políticas y representantes de organismos que trabajan con temas de infancia. El Frente, que se reúne periódicamente en el Congreso, planea extender el mismo sondeo a otras escuelas de diferentes zonas para conocer en números la situación nutricional de la infancia.

Según explicó Bauer, la inequidad alimentaria también se refleja entre escuelas y comedores. “Hay escuelas y comedores donde el alimento llega bien y otros donde llega de manera muy irregular y con baja calidad nutricional”, agregó la médica, que contó que muchos de estos casos los conocen a través de los referentes de diferentes instituciones educativas o sociales que participan de las reuniones.

“Vienen representantes de escuelas y comedores y denuncian que la comida no les está llegando, es algo inadmisible, y más cuando sucede en lugares donde las familias dependen de esa comida como la principal”, opinó también Bauer que enmarcó este reclamo en el riesgo de “naturalizar” la situación. “La alimentación es un derecho humano esencial que ya teníamos garantizado y la obligación del Estado es nutrir mejor”, pidió por último la médica, que remarcó la importancia de recuperar y hacer cumplir la Ley de Alimentación y Nutrición, reglamentada en 2004, y que sirvió “para sacar el hambre después de la crisis de 2001”.
Nota de Alejandra Hayon para Página/12

jueves, 8 de noviembre de 2018

Argentina está entre los tres países de la región donde más aumentó el hambre, según la FAO

En conjunto con Venezuela y Bolivia, nuestro país experimentó una suba en las personas subalimentadas, según el nuevo documento de FAO, OPS, Unicef y WPF, que alertó que en Latinoamérica se suman cada año 3,6 millones de obesos.


Argentina, junto con Venezuela y Bolivia, son los tres países de Latinoamérica en los que más creció el número de personas con hambre, según un nuevo informe de Naciones Unidas que también alertó que la carencia de micronutrientes, el sobrepeso y la obesidad son problemas frecuentes en la región. 

El Panorama de la Seguridad Alimentaria y Nutricional 2018, se centra en el estrecho vínculo entre la desigualdad económica y social y los mayores niveles de hambre, obesidad y malnutrición de las poblaciones más vulnerables, entre ellas las personas de menores ingresos, las mujeres, los indígenas, los afro-descendientes y las familias rurales.

Según el informe, en América Latina el 8,4% de las mujeres viven en inseguridad alimentaria severa, en comparación con el 6,9% de los hombres, mientras que las poblaciones indígenas sufren por lo general mayor inseguridad alimentaria que las no indígenas. En diez países, el 20% de los niños y niñas más pobres sufren tres veces más la desnutrición crónica que el 20 % más rico.

El texto indica que una de las principales causas del alza de la malnutrición en los grupos de población especialmente vulnerables son los cambios que sufrieron los sistemas alimentarios de la región -el ciclo de los alimentos desde su producción hasta su consumo. Estas modificaciones han afectado a toda la población, pero sus efectos más adversos los sufren los sectores más excluidos de la sociedad, los cuales, si bien han aumentado su consumo de alimentos saludables como leche y carne, muchas veces deben optar por productos con alto contenido en grasa, azúcar y sal, ya que tienen menor costo. 

Por ello, la Organización de las Naciones Unidad para la Alimentación y Agricultura (FAO), la Organización Panamericana de la Salud (OPS), el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), y el Programa Mundial de Alimentos (WFP), llaman a los países a aplicar políticas públicas que combatan la desigualdad y promuevan sistemas alimentarios saludables y sostenibles.

Un problema que crece

La obesidad se convirtió en la mayor amenaza nutricional de la región. Casi uno de cada cuatro adultos es obeso. El sobrepeso afecta al 7,3 % (3,9 millones) de los niños y niñas menores de 5 años, una cifra que supera el promedio mundial de 5,6 %, indica el informe.

"La obesidad está creciendo descontroladamente. Cada año estamos sumando 3,6 millones de obesos a esta región. 250 millones de personas viven con sobrepeso, el 60 % de la población regional. La situación es espantosa", dijo el Representante Regional de la FAO, Julio Berdegué.

Por tercer año consecutivo crece número de personas con hambre

Según el Panorama, el hambre afecta a 39,3 millones de personas, el 6,1 % de la población regional. Entre 2015 y 2016, el número de individuos subalimentados creció en 200 mil personas. Entre 2016 y 2017, el incremento fue de 400 mil; esto muestra que la velocidad del deterioro está aumentando.

Desde 2014, Argentina, Bolivia y Venezuela vieron incrementos en su número de personas subalimentadas. El mayor aumento ocurrió en Venezuela: 600 mil personas más sólo entre 2014-2016 y 2015-2017.

Venezuela es hoy uno de los países con mayor número de personas subalimentadas en la región (3,7 millones, el 11,7 % de su población), junto con Haití (5 millones, el 45,7% de su población) y México (4,8 millones, 3,8% de su población). Cabe destacar que en Haití y México el hambre se redujo en los últimos tres años, así como en Colombia y República Dominicana. Son los únicos cuatro países que han logrado esta reducción desde 2014.

Once países mantienen sin cambios su cantidad de personas subalimentadas: Chile, Costa Rica, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Honduras, Jamaica, Nicaragua, Panamá, Paraguay y Perú. Por su lado, Brasil, Cuba y Uruguay son los tres países de la región con porcentajes de hambre inferiores al 2,5 % de su población.