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lunes, 15 de julio de 2019

Denuncian que bajó la cobertura y el presupuesto de programas sociales en la ciudad de Buenos Aires

"Se convirtió en un municipio multimillonario pero que se desentiende de los que les ocurre a los porteños", afirmó el director del Centro de Estudios Metropolinano y precandidato a legislador por el Frente de Todos, Matías Barroetaveña.


Desde el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), advierten que hubo una baja en la cobertura y en el presupuesto de programas sociales en los últimos años en la ciudad de Buenos Aires.

Matías Barroetaveña, director del centro y precandidato a legislador porteño por el Frente de Todos, señaló que "se necesita recomponer el presupuesto del programa Ciudadanía Porteña y eficientizar su llegada a los territorios vulnerables". 

"El gobierno de la Ciudad abandonó sus responsabilidades sociales. Se convirtió en un municipio multimillonario, pero que se desentiende de los que les ocurre a los porteños", agregó.

Entre los programas más afectados se resalta el de Ciudadanía Porteña, que tiende a tener menos peso específico en el Presupuesto porteño. Al respecto, el informe señala que "en el primer trimestre de este año se subjecutó fuertemente, llegando sólo al 11% de lo proyectado", al tiempo que se indicó que esa situación se da en un contexto de suba de la pobreza en la Capital: "sólo tres años antes había 15,1% de pobres y hoy esa cifra llega a 21,1%".

"En 2015, el presupuesto realmente ejecutado para ese programa fue de algo más de 786 millones de pesos, un 78% del presupuesto aprobado originalmente. Desde entonces la ejecución no paró de bajar: 72% en 2016, 60% en 2017 y 72% en 2018. En el primer trimestre de 2019 solo se ejecutó el 11% del presupuesto, rondando los $ 280 millones", se informó.

En tanto, el programa Ticket Social, que ofrece familias vulnerables una tarjeta magnética en la cual se acredita mensualmente un monto de $ 900 que les permite comprar alimentos y otros productos "alcanzó su piso en diciembre de 2018".

"Cada año viene disminuyendo las personas asistidas (sin ser reemplazado por otro programa). En 2009 eran 70.000, hoy son menos de 5.000", puntualizó el informe.

miércoles, 3 de julio de 2019

La mitad de los porteños y bonaerenses redujo las porciones de comida por falta de dinero

En algunas zonas del conurbano la cifra es del 68%, según un estudio privado. El 64% de la gente asegura que no le alcanza el sueldo.


El 50 por ciento de los habitantes de la ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense asegura que en el último año debió reducir las porciones de comida en sus casas por falta de dinero. 

Así surge del 10º Monitor del Clima Social realizado por el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM) en la zona de CABA y GBA.

La medición busca conocer la realidad del Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA) en relación a "la percepción y experiencia de niveles de inseguridad social", puntualizó el CEM y agregó  que la alarmante cifra sobre alimentación se complejiza más en el conurbano oeste de la provincia, donde la cifra trepa al 68% de los consultados. En la Capital Federal, en tanto, el número es sensiblemente menor: 29%

Este análisis de la realidad social publicado días atrás y realizado los primeros días de junio indica también que el 64% de la gente dice que no le alcanza el sueldo. Entre los jóvenes de 16 y 29 años el dato escala hasta el 77% y puntualmente en el segundo cordón del conurbano llega al 74%. En CABA la cifra es del 52%

En cuanto a la situación económica de los encuestados, el 56% asevera que es peor que hace un año (66% en el segundo cordón), así como el 70 por ciento considera que la situación del país es mala o muy mala. Entre los jóvenes la mirada es todavía más oscura (83%), mientras que en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el pesimismo es menor pero alcanza igualmente al 52% de los consultados.

La inestabilidad laboral es otro factor preocupante para la mayoría. El 51% de los encuestados asegura que tiene miedo de perder su trabajo, mientras que en el segundo cordón el temor abarca al 73% y entre los jóvenes (el sector más castigado por la explotación y las condiciones precarias de contratación) al 74%. Asimismo, el 53% siente que su situación laboral es peor o mucho peor que hace doce meses.

Según puntualizó el Centro de Estudios Metropolitanos, la encuesta se realizó entre 1275 casos consultados a través de teléfonos fijos.

lunes, 17 de diciembre de 2018

Vivir con miedo: creció un 50 por ciento la inseguridad laboral y los que redujeron lo que comen

Por Raúl Kollmann para Página/12

Casi la mitad de los encuestados por el CEM dice que come menos y teme perder su trabajo. Dos en tres compran menos, ven mucho peor la economía y dice que su situación personal empeoró este año.


Casi la mitad de la población, 49 por ciento, dice que tuvo que reducir las porciones de comida durante 2018. Hace un año, los que hablaban de reducción de porciones eran el 34 por ciento de los consultados. En este diciembre, también casi la mitad de la población (44 por ciento) afirma que teme perder su trabajo, cuando hace un año los que tenían ese temor eran el 30 por ciento. Nada menos que seis de cada diez personas dicen hoy que su situación es peor o mucho peor que hace un año. 

Pero si uno evalúa el segundo cordón del Gran Buenos Aires, los datos son dramáticos: más de un 40 por ciento dijo que pasó hambre en algún momento de 2018 por falta de dinero para comprar alimentos. Y en esas zonas, casi el 60 por ciento dice que teme perder su trabajo en los próximos meses, algo que tiene que ver con el derrumbe, por ejemplo, de la construcción, la obra pública y la crisis de industrias como el calzado y textiles por la baja del consumo y las importaciones. 

Estos son sólo algunos ejemplos de la debacle social percibida por el Monitor de Clima Social (MCS) que por octava vez mide el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM). “Esta es la consecuencia de un plan económico en el que sólo ganan el sector financiero, la soja, la minería y las empresas de servicios públicos con los tarifazos”, analiza Matías Barroetaveña, responsable del estudio. 


El CEM es un centro de estudios interuniversitario fruto del acuerdo entre la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET), la Universidad Nacional de Hurlingham y la Universidad Nacional Arturo Jauretche, con sede en Florencio Varela. El CEM relevó este mes el octavo Monitor de Clima Social. En total se consultó a 1.293 personas a través de entrevistas telefónicas en Ciudad de Buenos Aires y el conurbano bonaerense. El Monitor analiza tres índices: de seguridad laboral, económica y social. Cada uno se elabora a partir de una serie de preguntas. Por ejemplo: ¿tiene miedo de perder su trabajo? ¿perdió usted o alguien que vive en su hogar el trabajo durante el último año? ¿cómo está su situación laboral comparado con un año atrás? ¿tuvo que reducir las porciones de comida durante el último año? ¿ha limitado usted la compra de productos? ¿alguien de su familia pasó hambre en algún momento durante el último año? 

Laboral

El índice de seguridad laboral bajó de los 55 puntos a fin de 2017 a 46 a fin de este año. O sea hay mucha menos seguridad laboral este año que a fines del año pasado. Es producto del empeoramiento en las respuestas a varias preguntas que tienen que ver con la situación de las personas en el trabajo. Es público y notorio la caída del empleo y cualquier trabajador ve que su empresa factura menos, que los servicios pusieron a las pymes contra las cuerdas y que el financiamiento es directamente imposible. 

El resultado es obvio:

• A fin de 2017, el treinta por ciento decía que era muy o algo probable que perdiera el trabajo en los siguientes meses. Ese porcentaje subió ahora, a fines de 2018, al 44 por ciento. 

• Cuando se le preguntó a los entrevistados cómo está su situación laboral comparada con un año atrás, en 2017 el 34 por ciento dijo que peor o mucho peor, mientras que en este diciembre los que dicen que las cosas en el trabajo están peor o mucho peor que hace un año suman el 51 por ciento. 

• Hace un año, el 48 por ciento afirmaba que el sueldo no le alcanzaba y tenía dificultades, incluso grandes dificultades. Ese porcentaje subió ahora al 63 por ciento. 

• Hace un año, del total de encuestados, un 33 por ciento contestó que alguien de su hogar perdió el trabajo durante 2017. En este diciembre, un 46 por ciento sostuvo que en su hogar hubo alguien perdió el trabajo durante 2018.

Como se ve, el deterioro está en sintonía con todas las estadísticas, incluso las oficiales del INDEC, sobre la caída en puestos de trabajo, cierre de empresas y baja de la producción.


Economía

De movida, el año pasado evaluaban que la economía estaba mal o muy mal un 37 por ciento de los consultados. Pero en este diciembre estamos ante una mayoría abrumadora: nada menos que el 65 por ciento dice que la economía esta mal o muy mal. Pero, además, no se trata de un tema teórico, de una visión global, sino que las preguntas demuestran que las consecuencias son tremendas dentro del hogar:

• El 68 por ciento de las personas afirman que tuvieron que limitar los productos que compran.

• Tal vez lo más dramático, este año ya hay un 49 por ciento de encuestados que sostienen que disminuyeron las porciones de comida porque no había suficiente dinero en el hogar. Cuando se hizo esa misma pregunta hace un año, los que dijeron que redujeron porciones fueron el 34 por ciento. Hay un aumento brutal de los que están comiendo menos que hace doce meses.

• Cuando se le pidió al encuestado que compare su situación económica personal con la que tenía un año atrás, el 35 por ciento dijo que estaba peor y otro 25 por ciento contestó que mucho peor. O sea que hay un 60 por ciento, seis de cada diez personas, que empeoró en 2018.

Conurbano

Los porcentajes son un promedio entre la mucho mejor posicionada socialmente ciudad de Buenos Aires y el postergado conurbano bonaerense. Los números son dramáticos en el gran Buenos Aires, especialmente en el segundo cordón de la zona sur, es decir en Quilmes, Florencio Varela, Berazategui y zonas aledañas. También pasa lo mismo en el segundo cordón de zona norte -José C Paz y Malvinas Argentinas- y el segundo cordón de zona Oeste, Moreno y zonas de La Matanza. 

Allí, por ejemplo, el 58 por ciento redujo las porciones de comida durante el último año. Incluso esa situación es aún peor en lugares del segundo cordón de la zona norte, como José C. Paz o Malvinas Argentinas, donde el porcentaje que redujo porciones de comida trepa al 61 por ciento en este diciembre. 

Aún más grave es el panorama cuando se pregunta si alguien de la familia pasó hambre durante 2018. Los porcentajes impresionan y se condicen con los datos sobre indigencia conocidos la semana que acaba de terminar. En el segundo cordón del norte del Gran Buenos Aires hubo un 46 por ciento de encuestados que contestaron que alguien de su familia pasó hambre por falta de dinero en la familia para comprar alimentos. En el segundo cordón de la zona Oeste estuvieron en una situación similar el 43 por ciento. 


Como es obvio, también el peligro de pérdida de trabajo es mayor en el conurbano, sobre todo porque buena parte de los consultados trabajan en forma informal donde las convulsiones impactan más. La brutal caída en la construcción, por ejemplo, pega de lleno en esas zonas. En el segundo cordón, cerca del 60 por ciento dice que teme perder el trabajo en los próximos meses. 

“Es necesario que el Estado dinamice la economía movilizando el mercado interno. Obra pública, restricciones a las importaciones, mejora de ingresos y crédito a tasas razonables son el único camino para salir de esta economía especulativa y poner producción y trabajo en el centro de las políticas. De seguir por este camino la pobreza seguirá creciendo y se acentuará la desigualdad”, sostuvo Barrotaveña.

miércoles, 10 de octubre de 2018

7 de cada 10 usuarios considera que la factura de gas es "cara o impagable"

El 75 por ciento de los habitantes de la región metropolitana de Buenos Aires considera que la factura de gas se volvió "cara o impagable"


La cifra surge de un reciente estudio que además advierte que subió la cantidad de usuarios que directamente no puede pagar la tarifa. Hoy cuatro de cada diez familias aseguran que no pueden hacer frente a los pagos mientras que hace seis meses eran el 22 por ciento.

La situación es peor en el sur del conurbano. Allí, el 83 por ciento de los encuestados opinó que la tarifa de gas es impagable, contra el 75 por ciento en la región metropolitana. Según la encuesta realizada por el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), quienes afirman que no pueden pagar la boleta de gas llegan al 38 por ciento cuando hace tres meses eran el 33 y hace seis, el 22. Sólo el 25 por ciento de los consultados afirmó que el costo del servicio de gas es barato o correcto. 

La medición marca también la percepción de los usuarios sobre el resto de los servicios públicos. Según el Monitor de Clima Social, que se realiza en CABA y el conurbano sur, oeste y norte, la opinión sobre el alto costo de los servicios nunca bajó del 64 por ciento para el agua, 68 por ciento para la luz y 69 para el gas.

"El agua continúa estable, pero la luz y el gas superan el 70 por ciento en junio y hoy se mantienen en el 73 y 75 por ciento respectivamente", señalaron desde el centro de estudios. 

Advirtieron también que "el cambio de tendencia más brusco” corresponde a la ciudad de Buenos Aires, ya que sin tener la peor percepción es la que más ha aumentado sobre el costo de los servicios en promedio.

lunes, 8 de octubre de 2018

Más de la mitad de los hogares de la ciudad de Buenos Aires y del conurbano achicó las raciones de comida

El estudio trimestral del CEM muestra que la situación tiene picos dramáticos en el segundo cordón suburbano, que el miedo al desempleo es general y que una creciente mayoría ve las cosas cada vez peor.


Más de la mitad de las personas de la Capital Federal y el Gran Buenos Aires disminuyeron las raciones de comida durante el último año, con situaciones dramáticas en el segundo cordón de la zona sur del conurbano: Quilmes, Florencio Varela, Berazategui, Almirante Brown. Allí, dos de cada tres personas bajaron las raciones de comida. 

El cuadro de la situación social empeora día a día, con datos que, sobre todo en algunas partes del Gran Buenos Aires, se vuelven escalofriantes: la inseguridad social se convirtió en algo habitual. Más de la mitad de los ciudadanos dice que está en peligro de perder el trabajo, con picos altísimos de temor en la zona sur del conurbano. 

Un dato asombroso es que el drama aterrizó en la propia Capital Federal: la mitad de las personas creen que pueden perder el trabajo a la brevedad. En cuando a las situaciones más extremas, en el segundo cordón de la zona sur, aparecen de forma masiva las personas que dicen que alguien de su familia pasó momentos de hambre porque en el hogar no había dinero para comprar la comida suficiente. 

“Este es el peor momento”, afirma Matías Barroetaveña, director del séptimo estudio que indagó sobre la seguridad o inseguridad alimentaria, económica y laboral. En tanto, el especialista Daniel Arroyo, del Frente Rejuntador, opinó que “lo que muestra el CEM es muy grave. Y todo indica que las cosas van a empeorar por la recesión, el aumento de los alimentos y el aumento de los servicios y costos fijos”.

El Monitor del Clima Social es realizado por el Centro de Estudios Metropolitanos (CEM), un centro interuniversitario que integran la Universidad Metropolitana para la Educación y el Trabajo (UMET); la Universidad Nacional Arturo Jauretche y la Universidad Nacional de Hurlingham. La medición se realiza cuatro veces por año y en este caso se consultaron 1.524 personas, tanto en CABA como en cada una de las zonas del primer y segundo cordón del Gran Buenos Aires. 

El Monitor analiza los niveles de inseguridad social a partir de varias preguntas muy puntuales. Por ejemplo, en materia laboral se pregunta si la persona tiene miedo de perder su trabajo; si la situación en su trabajo mejoró o empeoró; si el salario le permite ahorrar algo; si alguien en la familia perdió el trabajo. A partir de esas preguntas, se formula un índice que se compara con las mediciones anteriores. Lo mismo en materia alimentaria y económica. 

Las comparaciones con los monitores anteriores del CEM meten miedo. Por ejemplo, en octubre de 2017, un 48 por ciento decía que “el sueldo no me alcanza y tengo dificultades”; ahora ese porcentaje subió al 62 por ciento. 

En octubre de 2017, el 37 por ciento afirmaba que la situación económica era mala o muy mala y ahora subió al 66 por ciento. 

Y cuando se preguntó por la situación en su hogar, hace un año el 37 por ciento dijo que estaba mal y ahora trepó al 61 por ciento. En octubre de 2017, el 34 por ciento dijo que bajó las porciones de comida, ahora es el 55 por ciento. Hoy en día, el 73 por ciento, es decir tres de cada cuatro personas, afirman que cambiaron las marcas de los productos que compraban, por supuesto pasándose a segundas marcas. 

“Lamentablemente, en este 2018, cada medición de clima social que hemos realizado dio peor que la anterior. Los datos recolectados en febrero y en junio ya habían sido muy preocupantes. Los de septiembre nos muestran que los ciudadanos de la región metropolitana de Buenos Aires cada día están peor”, señala Barroetaveña

Asimismo, advierte que hay zonas donde los entrevistados reconocen que bajaron las compras de comida, pero también de medicamentos. “Sucede de forma dramática en el segundo cordón del conurbano. Allí cerca del 40 por ciento dice haber tenido hambre por falta de ingresos. En el sur de este cordón casi el 70 por ciento de los entrevistados afirma haber disminuido la cantidad de alimentos que pudo comprar y el 66 por ciento ha dejado de comprar medicamentos. Sólo el tres por ciento considera que la situación económica del país es muy buena y al ser consultado sobre su economía personal apenas el seis por ciento experimenta una mejoría. Sin dudas, el Conurbano nos debería ocupar y preocupar. Claramente no alcanza con medidas paliativas y placebos publicitarios”, explica. 

En esta medición, a diferencia de las anteriores, apareció un dato nuevo. El malestar social parece haber alcanzado plenamente a la ciudad de Buenos Aires. Hace un año apenas el 15 por ciento de los porteños afirmaba que su situación económica era mala o muy mala, hoy el 45 por ciento lo afirma. 

En octubre de 2017 menos de la mitad de los entrevistados decía haber cambiado la marca de los productos que compraba, pero hoy ese grupo supera el 75 por ciento. En apenas tres meses los porteños que consideran probable perder su trabajo pasaron del 36 por ciento al 50 por ciento. 

Tanto Matías Barroetaveña como Daniel Arroyo advierten además de los peligros inminentes. “Lo peor esta por llegar el impacto devaluatorio en las tarifas y combustibles dolarizados por decisión del gobierno, sumado al impacto en el precio de los alimentos y la suba de alquileres tornan inviable cualquier presupuesto familiar. La suba de tasas destruye el aparato productivo y del presupuesto del año que viene: un cuarto se destinará al pago de intereses. Cada decisión del gobierno complica más la situación. El parlamento debería rechazar el presupuesto y plantear un cambio de rumbo”, sostuvo el director del CEM.

Arroyo, por su parte, afirma que “esta emergencia requiere regular, controlar, el precio de los alimentos. Tomar los 11 productos de la canasta básica y establecer un precio sostenido es lo mínimo que se requiere en este contexto. En segundo lugar, es necesario, generar un sistema de crédito no bancario, que le ponga un límite a las tasas usurarias que pagan las familias y les permita acceder a máquinas y herramientas a los que hacen changas o son cuentapropistas. Finalmente, es clave concentrar la obra pública en la infraestructura básica, en los servicios básicos, la vivienda social, y las obras pequeñas que son generadoras de empleo masivo”

Barroetaveña coincide: “no hay margen para mirar para el costado. El malestar es muy alto y ya lleva mucho tiempo así. A simple vista aparecen tres ejes de trabajo urgentes: declarar la emergencia social y alimentaria, restituir poder de compra a los salarios con reapertura de paritarias y resguardar puestos de trabajo con políticas que han demostrado efectividad en el anterior gobierno como el REPRO. Menos consumo y parar la obra pública es menos trabajo, menos trabajo es más hambre. Desde el poder lamentablemente se propone profundizar el ajuste. Es momento de que los gobiernos nacional, provincial y de la Ciudad dejen de mirar solo a los mercados y se concentren en la producción, el trabajo, mercado interno, el consumo y un estado presente”.

Fuente: nota de Raúl Kollmann para Página/12